Sin resultados. Un proceso de inteligencia colectiva

Proyecto que busca explorar críticamente la inteligencia artificial (IA) mediante un laboratorio y una exposición que atraviesan este proceso. A lo largo de una serie de encuentros, un grupo de artistas experimentó con herramientas de IA y analizó las nociones que las sustentan, para explorar sus posibilidades, limitaciones y sesgos vinculados a sus usos creativos. 

La IA, en sentido amplio, se trata de sistemas que replican capacidades humanas. Esta tecnología está cada vez más presente en nuestra vida cotidiana, integrada en aplicaciones, dispositivos y servicios que usamos sin notar su presencia: desde asistentes virtuales, hasta redes eléctricas y servicios financieros, influyendo de forma casi invisible en nuestras rutinas diarias.

Con su masificación y una rápida evolución que ha dificultado su asimilación social, han surgido recientes debates sobre el futuro laboral, el uso del tiempo libre, la creación artística, la autoría, la privacidad, la veracidad y la responsabilidad social. 

El mito que se ha creado en torno a la IA busca presentarla como un conjunto de herramientas objetivas, neutrales y etéreas, pero la realidad es que no es ni inteligente ni del todo artificial, ya que se basa en datos creados por humanos y se sustenta en la extracción y utilización de recursos naturales. 

Esto significa que, por un lado, refleja sesgos, valores éticos y morales, así como jerarquías y limitaciones humanas, que se trasladan a la recopilación, análisis y entrenamiento de los datos que utilizan para su funcionamiento. Así, su aparente neutralidad es ilusoria, pues lleva consigo los prejuicios presentes en nuestras sociedades. 

Por otro lado, su funcionamiento depende de recursos naturales, y su utilización no solo genera un impacto ambiental significativo, sino que también ahonda la brecha entre quienes sufren la repercusión de la extracción y quienes se benefician de su uso. La infraestructura que requiere implica un fuerte consumo de combustibles fósiles, el uso de minerales como el silicio ―extraídos en condiciones precarias en países del sur global con escasa protección laboral y ambiental―, un considerable consumo de agua para enfriamiento, grandes cantidades de desechos y se proyecta el uso de energía nuclear para satisfacer su creciente demanda energética. 

A través de la negociación con herramientas hegemónicas como Chat GPT-4, DALL-E y Runway, el proceso del laboratorio estuvo marcado por desencuentros, discontinuidades, ensayos y errores, subjetividades, dudas, azar, procedimientos repetidos, múltiples o encadenados, perseverancia, obsesión e incluso aburrimiento, hasta llegar a ciertos hallazgos puntuales en esas búsquedas. 

Exploramos y ensayamos formas de resistencia algorítmica: pedirles funciones distintas a las originalmente diseñadas, empujando siempre un poco más allá en busca de respuestas que trasciendan la mera complacencia. Intentamos, en definitiva, generar una línea de fuga que abra otras realidades y permita producir algo fuera de lo preestablecido.

La yuxtaposición de estas búsquedas en los encuentros habilitó espacios de retroalimentación colectiva, donde los procesos de cada artista se influenciaron y afectaron mutuamente. Sostuvimos el trabajo en el plano virtual y la comodidad se nos volvió en contra, atravesamos grandes desafíos para trasladar las experiencias a un espacio expositivo. Debimos ejercer una fuerza contraria a la inmaterialidad para darle cuerpo como una forma de resistencia más. 

Sin resultados propone una mirada que desde el arte contemporáneo busca poner el foco en el análisis colectivo de un contexto compartido y al mismo tiempo cuestionar la necesidad de alcanzar un resultado definitivo. Esta muestra se presenta como un corte dentro de un proceso, más que como una exhibición de obras finalizadas.

 

Diego Morera y Sebastián Lambert son arquitectos y reflexionan sobre las controversias en torno a la especulación inmobiliaria mediada por dispositivos digitales: precios que no bajan, espacios calculadamente reducidos, deseos frustrados y falta de alternativas públicas efectivas. En este proyecto, se interesan por los espacios que resultan de la aplicación a rajatabla del texto de la “Ley de vivienda promovida”, por la que se han construido más de 35.000 viviendas en Uruguay, y utilizan una plataforma de video generativo para crear una narrativa que se apropia de imágenes de apartamentos en alquiler online. En las escenas creadas con inteligencia artificial un elefante inflable habita estos espacios genéricos y apretados hasta enamorarse de su nueva aspiradora robot. Elaboran así un comentario crítico sobre los deseos escritos y vividos y las complejas relaciones entre imaginarios, espacios y tecnologías.

Daniel Mella es escritor y su investigación se desarrolló a través de la palabra en el intercambio con Chat GPT, un modelo de lenguaje predictivo que se especializa en el diálogo. Buscó construir un vínculo afectivo con este modelo, incentivándolo a presentarse y actuar como si fuera un humano. Sin embargo, al ser predictivo, el modelo estructura sus respuestas según lo que él mismo ha escrito previamente, eligiendo cada palabra en función de la anterior. Así este diálogo se convierte en un reflejo de la subjetividad del propio artista. 

Carolina Besuievsky es bailarina y coreógrafa y utiliza su cuerpo como su principal herramienta de investigación. Para ella no existen experiencias comunes, ya que cada individuo las vive desde su propia subjetividad, lo que las hace intransmisibles. Esta concepción se opone por completo a la matriz algorítmica que utiliza la recopilación de datos para resolver problemas a partir de patrones generales. No hay punto de conexión entre su trabajo y la IA excepto por la imposibilidad. Y ahí radica el interés de su búsqueda: la artista propone la medición del espacio expositivo utilizando como referencia patrones de nuestro propio cuerpo, una instrucción que no puede ser ejecutada por una IA. 

Juan Manuel Ruétalo probó distintas líneas de investigación en paralelo. Por un lado, intervino una serie de retratos propios de baja resolución, fuera de foco o en formato analógico, utilizando herramientas de restauración fotográfica como Fotor, Capcut o MyHeritage. La falta de información (píxeles) en la imagen y el uso de herramientas que, al restaurar, completan la información hicieron que la máquina ―que solo puede operar con lo que conoce― agregara partes de otros humanos (reales o ficticios) para lograr el efecto de restauración. Por otro lado, realizó  videos en los que las fotografías también se expanden hacia territorios inventados. Finalmente, creó un documental testimonial de ficción en el que diferentes monstruos narran sus propias historias. Esta investigación establece una tensión interesante entre la IA y la creación humana, explorando los límites y posibilidades de esta colaboración en el proceso artístico. Lo artificial, lo grotesco, lo inventado y lo real se conjugan y se confunden. 

Exceso colectivo (Fol Cvetreznik, Guzmán Bergereau, Rafaella Varela) como grupo de investigación en artes visuales expandidas, se interesa por la hibridez de la imagen y las experiencias situadas. A lo largo de este proceso, llevaron a cabo una exploración autorreflexiva, interrogándose sobre su espacio cotidiano de trabajo, los conflictos que surgen de él y las particularidades del desarrollo de este laboratorio en el plano virtual. Los errores, alucinaciones, sesgos y distorsiones de la IA se convierten en elementos constructivos de sus concatenaciones visuales, develan las limitaciones de estas herramientas en la construcción de la imagen en su estado actual. Sin embargo, se apropian de esa realidad espectral para oponerla a la material.




Lugar

Centro Cultural de España

Periodo

2024—2025

Curaduria

Agustina Rodríguez y Eugenia González

Artistas

Juan Manuel Ruétalo, Diego Morera y Sebastián Lambert, Carolina Besuievsky, Daniel Mella y Exceso colectivo (Fol Cvetreznik, Guzmán Bergereau, Rafaella Varela)

Participante

Artista invitado en instalación curatorial: Leonello Zambon

Créditos fotográficos

William Anastasi, Sin título [Dibujo del metro: 3:14 20 de agosto de 1975 ], 1975 (imagen de referencia) Fotos de sala: Sebastián Angiolini CCE

Auspicios

Proyecto seleccionado en la convocatoria Azafrán del Centro Cultural de España en Montevideo

Tags

Arte Contemporáneo Distopía Futuro Inteligencia artificial Investigación Performance Procesos

Registro